¿El fin de Internet?

Mi buen amigo me ha pasado este enlace que habla de una posible caída de Internet, con los consecuentes problemas que conllevaría. En este caso, Dan Dennett, filósofo y por lo tanto compinche mío, alerta de un colapso y una oleada de pánico entre la muchedumbre ávida de datos y entretenimiento electrónico. Para evitar semejante desenlace, advierte de la necesidad de crear un “bote salvavidas”.

Aunque el artículo es breve y superficial (imagino que por los reducidos espacios que el pensamiento puede ocupar), podemos rascar algo y plantear cuestiones… por ejemplo, la que más me acucia es la de ¿por qué iba a caer la Red? Creo más fácil limitarla de manera que cualquier movimiento crítico o contrario a lo “establecido” (véase gobiernos, leyes intelectuales, espionaje, etc.) o en otras palabras, cualquier tipo de activismo, se vea imposibilitado cuando quiera hacerse oír y ver de manera “pública”. La modificación del pensamiento y del esfuerzo que ha conllevado el uso masivo de las TIC, lugar en el que disponemos de todo el conocimiento a un click de distancia pero que no somos capaces de hacer, seguro que hace que dejemos a un lado las formas de aprender a usar VPNs, puertas traseras o investigar en la Deep Web (no estoy seguro que se llame así) para llegar a ese lugar “proscrito” en el que el activismo virtual podría actuar de la misma manera a como se hace en la web pública.

En la misma línea, el poder establecido es quien más necesita de un elemento como Internet, del mismo modo que de manera más local es necesario el fútbol (extendible al deporte rey de cada lugar), los escándalos que desvían la atención o movimientos más o menos grandes de oposición en los que aglutinar y, así, controlar aquellos elementos que deben ser controlados. Dicho de otro modo, Internet en parte se sustenta gracias a poderes y gobiernos que están interesados en el ejercicio del dominio, hablando en lo que popularmente se conoce como maquiavelismo.

 

La segunda cuestión que puede surgir es el asunto del tejido social que puede servir como bote salvavidas. En este caso, considero que no es que estén destruidas las antiguas asociaciones, sino que han pasado a organizarse de otra manera. Baste echar un vistazo a las diferentes mareas que han surgido desde la aparición de la crisis, especialmente la Marea Blanca de Madrid. Parece que un objetivo ético y no caprichoso puede aglutinar a un grupo más o menos grande de personas dispuestas a lograrlo. Internet facilita la coordinación, pero no condiciona su existencia. Ahora bien, existe la posibilidad de la voracidad por el poder. Echemos un vistazo a Ensayo sobre la ceguera en la que queda bien reflejado esta dicotomía entre la organización posible y colaborativa y la organización ávida de poder. En cualquier caso, y sin buscar polémicas, aunque vayamos de cabeza a ese estado de cosas (paranoia, sociedad del miedo, desconfianza, estado policial, ley de seguridad ciudadana planeando), aun no nos encontramos en el nivel de Estados Unidos.

 

La tercera cuestión es la siguiente: ¿qué ha sucedido para que la cultura “supere” el mero darwinismo para acelerarse tanto? Dennet habla de la tecnología como catalizador de este cambio, pero quizá habría que matizar algunas cosas… por ejemplo que este tipo de revolución de alguna manera se dio con el invento del vapor, o con el invento de la imprenta, o con la agricultura… y también habría que analizar hasta qué punto este cambio se da a nivel global o, por el contrario, en espacios más focalizados: sociedades occidentales u occidentalizadas. Me parece que hablar de la diferencia que supondría a un habitante del Chad dejar de tener Internet es hasta de mal gusto. Y sin ir tan lejos, hay capas de nuestra propia sociedad “rica” que no pueden pensar en acceder a la Red.

Lo que quiero plantear es que a lo largo de la historia hemos tenido otros cambios que han supuesto una casi ruptura con su pasado inmediato, pero no por ello ha colapsado la sociedad en los términos que parece que aquí se presentan. Sin embargo, existe una diferencia que considero crucial: la técnica, desde su aparición, ha supuesto grandes cambios en la relación sociedad/naturaleza, pero la técnica tecnológica “moderna” ha ido pareja a una creación de necesidades y al desarrollo de la obsolescencia programada en estrecha relación con el concepto de progreso infinito. Como hoy estoy ilustrando las reflexiones con ejemplos, pondré a modo de ídem el mundo Apple, especialmente los iPhone y la urgencia de sus propietarios en estar a la última.

¿Es necesario todo esto? ¿Necesitamos el último móvil, la domótica, que podamos comprar sin salir de casa, hoteles conectados, coches conectados, mercados conectados, ciudades conectadas? Quizá habría que replantear lo que es esa conexión y ajustar algún tipo de código deontológico para los fabricantes de este tipo de artilugios, porque en este caso sí estamos en una relación de esclavos respecto la tecnología.

 

Pero claro, el conocimiento sólo es válido si genera dinero. ¿Cómo crear un código deontológico para este tipo de conocimiento?

 

 

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